martes, 13 de noviembre de 2007

DÍA 8 --- EDIMBURGO - CAPILLA DE ROSSLYN



Aunque nuestro vuelo salía a la mañana del siguiente lunes, se puede decir que éste fue nuestro último día en Escocia y la verdad es que estabamos un poco bajos de ánimo. Lo habíamos pasado tan bien y habíamos visto cosas tan espectaculares que por nada del mundo queríamos irnos de aquel precioso país.

Pero tampoco era plan de atrincherarnos en la cama del hotel en plan John Lennon y Yoko Ono, así que tras desayunar, nos dirigimos con el coche hacia el centro de Edimburgo con el objeto de recorrer la ciudad a pie y ver tranquilamente su alucinante arquitectura.


Aparcamos en pleno centro sin nigun problema , pero fue bajarnos del coche y comenzar a llover.
Confiados en que pronto escamparía, aprovechamos para hacer algunas compras en las numerosas tiendas que hay en la Royal Mile.



La Royal Mile es la calle que comunica el Palacio de Holyrood con el castillo de Edimburgo y en su recorrido pudimos encontrarnos con edificios tan emblemáticos como la iglesia de St. John y la catedral de St. Giles, verdaderas preciosidades arquitectónicas.


Viendo que no paraba de llover y habiendo visto el día anterior el castillo de Stirling, decidimos sacrificar nuestra visita al Edinburgh Castle.
Teníamos la National Gallery of Scotland a un paso, así que entramos.
Después de tanto trotar por los montes en plan Braveheart, ya era hora de culturizarse un poco.
No sabría decir si lo hicimos más por secar nuestras empadadas ropas que por cultura, aunque una vez allí nos gustó mucho y tuvimos la oportunidad de contemplar el famoso cuadro del patinador y uno de los mejores autorretratos de Rembrandt.


Al cabo de una hora probamos a salir de nuevo al exterior. Llovía menos aunque lo suficiente como para chafar nuestros planes de recorrer la ciudad a pie, por lo que decidimos regresar al coche dando un pequeño rodeo por los Princess Street Gardens.


Después subimos por las empinadas calles de Cockburn Street, donde encontramos una tienda en la que vendían unas camisetas guapísimas.


Al salir de la tienda, un aguacero torrencial caía de nuevo sobre Edimburgo. Menos mal que teníamos el coche muy cerca y corrimos hacia él para guarecernos un poco. Eran ya la 1 del mediodía y no teníamos ningún plan alternativo. Pero mira por donde quiso la suerte (una vez más) que nuestro Megane estuviera aparcado en una calle paralela al Royal Museum of Scotland y nos dijimos: "¿por qué no?'".


Ante la incertidumbre de lo que iba a durar la lluvia, decidimos entrar.
La primera sorpresa nos la llevamos ante la inmensidad del edificio por dentro, cuya galería principal daba paso a varias salas adyacentes que eran pequeños museos en sí mismas.


Lo sorprendente del Royal Museum es que es una especie de museo sobre todas las cosas, donde se mezclan tumbas egipcias con máquinas de vapor, colecciones de mariposas con jarrones chinos....

Es una pasada, aunque en la puerta ya te avisan que se necesitan al menos 4 horas para verlo al completo.
Allí tambien se encuetran las famosas piezas Lewis de ajedrez, orgullo de la arqueología escocesa y la archiconocida oveja Dolly disecada.



Nos estaba gustando tanto el Royal Museum que a las dos horas de estar allí, decidimos salir a comer algo para luego regresar y terminar de verlo. Comimos en un buffet japonés cercano y acto seguido continuamos con la visita.
Fue realmente asombroso ver como en el museo había dos figuras disecadas que se parecían bastante a mí.












Antes de que cerraran y un poco a la carrera, conseguimos ver todas las salas, incluido el mítico Millenium Clock en pleno funcionamiento.


video


Una vez fuera del museo, ya no llovía y fue entonces cuando Mari Carmen
me dijo: "- oye... ¿y la capilla esa del Codigo Da Vinci"?
Diosssssssssss. La capilla de Rosslyn ¡¡¡Como podía haberlo olvidado!!! Se
me fue la olla por completo. Miramos el reloj y corrimos apresurados al coche albergando la esparanza de llegar a tiempo para verla.

La capilla de Rosslyn se encuentra en las afueras de Edimburgo a unos 12 Kms del centro. Yo ya había adquirido bastante pericia como conductor
británico a la diestra, asi que nos plantamos allí en un periquete.
Nada más bajar del coche, observamos decepcionados en el cartel de la entrada que la capilla cerraba a las 17 horas (pa variar) y eran las seis menos veinte. Aun así, muy intrépidos nosotros empujamos la cancela y como ya nos había ocurrido en Culloden, la puerta se abrió con un chirrido ya casi familiar y entramos alli como dos furtivos.

Hay que decir que ninguno de los dos somos excesivos entusiastas de visitar iglesias, pero ésta era tan enigmática que no pudimos resistirnos.
Nada más ver el exterior de la capilla, nos quedamos boquiabiertos ante aquella
maravilla, los extraños colores de sus piedras y esas gárgolas fantasmagóricas.
Fué una verdadera lástima que el exterior estuviera en obras de
remodelación y no pudiéramos percibir toda su grandeza.














Aparte de su relevancia
en el deselance del libro de Dan Brown "El Código Da Vinci" y su relación con el santo Grial, esta capilla es famosa porque en los relieves de sus arcadas interiores aparecen esculpidas ciertas plantas originarias del Nuevo Mundo cuando éste aun no había sido descubierto.
Además, algunos creen (de hecho lo estan
investigando) que en esos mismos relieves se esconde un patrón musical que una vez descodificado, podría abrir una puerta interdimensional. (¿?¿¿?¿?)

Yo no creo en ese tipo de cosas, pero sí me gustaría
decir que una vez que estas frente a esa capilla, notas algo raro flotando a tu alrededor. No sé como explicarlo y tal vez sea fruto de la sugestión, pero se siente una especie de presencia que sobrecoge de verdad. Nosotros dos lo pecibimos y de hecho lo comentamos.


Por suerte (y por si acaso), la única puerta que nosotro
s abrimos fue la que daba acceso al interior, donde además de los mencionados relieves, se hallaban dos turistas regazados como nosotros y una viejecita tan misteriosa como la propia capilla que nos dió un susto de muerte al aparecer de improviso tras una de las columnas.
Debía ser la encargada del lugar y aunque daba un poco de yu-yu la verdad es que fue muy amable al dejarnos deambular por allí.
Nos explicó que ya tenía que haber
cerrado la capilla y que nos daba diez minutos de favor para echar un vistazo rápido, incluso nos indicó qué era lo que debíamos fotografiar.

Hospitalidad escocesa hasta el último momento.



Salimos de alli un poco fastidiados por no haber tenido más tiempo para verla y al mismo tiempo impresionados por lo impactante de la experiencia, sin duda una de las más intensas de toda nuestra andadura por Escocia. Tuvimos la fortuna de estar allí aunque fueran solo diez minutos y prometimos que si alguna vez volvíamos a Edimburgo, la Rosslyn Chapel sería nuestra primera visita obligada.

















A las 6 de la tarde comenzó de nuevo a llover por lo que decidimos regresar al hotel para descansar un poco. Atravesamos de nuevo la parte sur de Edimburgo y desde el coche pudimos ver un restaurante hindú muy pequeñito y acogedor. Hartos de tanto sandwich y tanta comida fría, decidimos dejar el coche en el parking del hotel y dar un paseo para cenar allí.

No fué lo que se dice una cena muy romántica ya que estabamos practicamente solos en el restaurante y el camarero estuvo excesivamente atento con nosotros. El tío era super simpático y cada dos por tres se acercaba a la mesa para preguntar: "Is it good?". "
"Buenísimo" - contestaba Mari Carmen y el hindú repetía: "Buenísimo. It´s Good" y se reía. A los dos minutos volvía y nos preguntaba: "Is it good buenísimo?". Así toda la cena.
Además, a mi me tenía controladísimo. Recuerdo que el primer plato que pedí no me gustó demasiado y salí con la excusa de que llenaba mucho. De repente el camarero se puso muy serio y dijo: "Don´t worry. I can wait. Eat!!". Joer. Me acojonó.
El tío estaba dispuesto a esperar con tal de que me lo comiera, así que de repente me vi como Mr. Bean en ese capítulo que pide un steak-tartar y no sabe como deshacerse de él. Mari Carmen se partía de la risa y yo tuve que tragar como pude hasta que terminé con el susodicho plato.
Menos mal que el segundo estaba delicioso y al ver mi cara de satisfacción, el camarero volvió a sonreir. Yo pensaba que nos iban a degollar (sobre todo a mi) pero al final terminaron invitandonos a té y todo.


La verdad es que fue divertido y agradecimos que nuestros últimos pasos por las aceras de Edimburgo estuvieran acompañados de risas y no de melancolía por nuestro inminente regreso a España. Paseito hasta nuestro hotel............


.......y a descansar que al día siguiente nos esperaba un buen madrugón.

2 comentarios:

xaneitor33 dijo...

Estimado julio ,gracias a ti descubrimos muchas cosas bonitas de Alba, pero en skeabost el hotel era de 5estrellas vistas al lago impresionantes y camas con dosel. Tu estuviste ahí o ganaste un cromo en la tómbola de tu pueblo para el camping de nutella? Ah y te recomiendo encarecidamente q visites la isla de mull 15 millones de veces mas bonita q skye y unos paisajes q hubieras hecho hasta llorar hasta al abuelo de heidi. Besos desde newtonmore.

David dijo...

Uno de los países que mas me ha interesado de los que he ido es escocia y por eso me gustaría regresar cuando tenga la posibilidad. Por eso trato de conseguirme pasajes económicos en internet y de esta manera trato de buscarlos. El ultimo año pude conseguirme viajes a miami