sábado, 17 de noviembre de 2007

DÍA 4 --- LAGO NESS - FORT AUGUSTUS - AVIEMORE - INVERNESS



Amaneció nublado en Inverness. La cosa no pintaba muy bien y por el aspecto que tenía el cielo, nada parecía librarnos de recibir un buen chaparrón.
Pero tampoco íbamos a quejarnos. Bastante bien se estaba portando el tiempo.

Durante los 3 días que llevabámos de viaje no habíamos visto caer una sola gota de agua.
Muy raro para tratarse de Escocia, así que ya tocaba.

A las 9 de la mañana bajamos a desayunar al pequeño comedor del Bannerman House y aunque el menú no fue tan completo como en el hotel del día anterior, devoramos todo lo que nos pusieron en la mesa. Mientras tanto Hugo, el simpático y educadísimo perro de la propietaria, nos observaba poniendo cara de cordero degollado para ver si le caía algo del desayuno.


Antes de partir hacia el lago Ness, entramos en un hipermercado de la cadena Tesco en busca de material para rellenar nuestros sandwiches.
Nos faltó brincar como posesos al ver en la sección de embutidos una bandejita de chorizo con la bandera de España impresa. Nos lanzamos a por él como si lleváramos 20 años sin probarlo.
Todo para comprobar más tarde que la calidad era bastante mediocre, aunque menos es nada.

Allí fue donde vimos por primera vez barras de pan como las que hay aquí, y a un precio desorbitado: 1 Libra cada una, o dicho de otra manera 1,46 €.
Pero no solo lo observamos con el pan.

En el Reino Unido también han redondeado los precios, pero con la Libra. A veces se pierde la noción del verdadero valor de esta moneda y se tiende a pensar en Euros lo cual es un grave error.
Otro ejemplo: llenar el depósito del coche nos costó 56 Libras, que son casi 82 € (13.800 de las antiguas pesetas!!!!!) Es una pasta eh?
La sin plomo cuesta 1 Libra el litro y el gasoil, 97 peniques. No es barato moverse por allí.


El lago Ness está a muy poca distancia de Inverness. De hecho la ciudad toma su nombre del río Ness, que la atraviesa de norte a sur.
Nos llevó algo más de 30 minutos llegar, pero fue porque había obras en la carretera y tuvimos que deternos en un par de ocasiones por obra y gracia de los dichosos semáforos con ruedas.

Detuvimos el coche en uno de los ensanchamientos de la carretera que bordea el Loch Ness y esta fué nuestra primera toma de contacto con el lago más famoso y legendario que existe sobre la faz de la tierra.


En esos mismos instantes, bajó una especie de niebla y comenzó a caer una lluvia fina que daba le daba un aspecto aún más tenebroso si cabe.
De todos es conocido el misterio que encierra este lago, sobre todo por su escurridizo inquilino: el monstruo del lago Ness, más conocido como Nessie.
Leyenda o no, los escoceses han sabido como exprimir el mito del bichejo, orientándolo al turismo de manera descarada. Ejemplo de ello, son las numerosas efigies de Nessie que hay por todo el perímetro del lago y que sirven de reclamo para los turistas, como la que hay junto al Clansman Hotel.


Hicimos una parada en el Clansman Hotel por dos motivos principales:
1) Es uno de los mejores sitios de toda Escocia para comprar souvenirs y....
2) De allí salen los barcos de la compañía Jacobite, que hacen pequeños cruceros por el lago y salen cada dos horas aproximadamente.
Los tickets se pueden comprar allí mismo y un trayecto de una hora cuesta 9 libras por persona. No es muy caro si tenemos en cuenta la experiencia reultante al navegar por esas aguas.
Después de comprar algunos recuerdos para los colegas y la familia, tuvimos tiempo de fisgar por los alrededores del hotel y hacernos unas fotos mazo patrióticas.


Se acercaba la hora de la salida del barco así que nos dirigimos hacia el pequeño muelle que había frente al hotel, por donde se accedía a través de un tunel subterráneo que dejaba la carretera por encima de nuestras cabezas.


Una vez al otro lado, tuvimos la oportunidad de acercarnos hasta la misma orilla del lago.
En ese momento, fui presa de un deseo incontrolable por tocar el agua para comprobar si era tan fría como decían. Y no solo la toqué, sino que además la bebí mientras Mari Carmen me miraba con cara de estupor.
El agua estaba buena, pero efectivamente estaba helada. Si es verdad que existe Nessie, espero que dentro de un tiempo no me salgan escamas, ni se me ponga la piel verde, o engorde 2.500 kilos de repente.


A las 11.45, subíamos a bordo del ferry donde coincidimos con tres españoles, un chico y dos chicas de Murcia que al igual que nosotros, estaban ansiosos por hablar con alguien que no lo hiciera en inglés, o peor aún, en gaélico.
Junto a ellos, comenzó nuestro periplo por el Loch Ness.


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No hay palabras para describir las sensaciones que se sienten al surcar esta maravilla natural de la que vamos a dar algunos datos.

El Loch Ness, es el resultado geológico de una enorme falla conocida como el Great Glen y a pesar de que solo el lago Lomond le supera en tamaño, es el lago de agua dulce que más cantidad de agua contiene de toda Gran Bretaña, incluso más que todos los lagos de Gales e Inglaterra juntos.
Esto se debe a su gran profundidad, que llega a alcanzar los 250 metros en algunas partes como en ésta que aparece en la foto, donde se detuvo nuestro barco por unos instantes, mientras el capitán nos indicaba por megafonía que nos encontrábamos justo encima del punto más profundo del lago.


Daba verdadero respeto asomarse por la borda y mirar esas oscuras aguas de color regalíz, sobre todo sabiendo que bajo nuestros pies podrían caber 3 giraldas de Sevilla puestas una sobre la otra.
Aún así, el lago Ness no es el más profundo de Escocia. Ese privilegio lo ostenta el lago Morar con 350 m. de profundidad y del que hablaremos más tarde.


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Estas aguas tan turbias han sido las que ha impedido a los científicos observar el lago Ness con más detalle.

Es muy curioso porque cuando la tienes en la mano, el agua es absolutamnete cristalina.
Supongo que será cosa del fondo. ¿O será que Nessie destiñe?

Incluso usando potentes focos, es imposible ver a más de cinco metros de distancia. Por ese motivo nunca se ha podido determinar la existencia del supuesto plesiosaurio que es Nessie, aunque diferentes pruebas de radar sí han demostrado la presencia de grandes criaturas acuáticas en el lago, manteniendo así vivo el misterio.

Durante el trayecto, el barco pasa muy cerca del Urquhart Castle con idea de que los turistas puedan fotografiarlo. A pesar de su estado semi-ruinoso, este castillo es uno de los más visitados y en sus tiempos, fué uno de los más importantes de Escocia.


Como veis, el Urquhart Castle preside el lago Ness con suma elegancia y es el punto de referencia que usa el barco para dar la vuelta y regresar al embarcadero.

En el trayecto de vuelta, pudimos comprobar lo caprichoso del clima escocés y nos resultó muy llamativo ver como en la orilla oeste brillaba un espléndido sol mientras que en el margen contrario, las nubes bajaban casi a ras del agua.


A nosotros nos tocó la parte humeda, pero daba igual. El paisaje era tan alucinante que ni siquiera prestábamos atención a la lluvia.
He aquí Loch Ness en todo su esplendor.


La verdad es que el trayecto se nos hizo muy corto. Echamos un último y melancólico vistazo mientras hacíamos unas cuantas fotos más para inmortalizar la inolvidable experiencia de haber surcado el lago Ness. Puede que no sea el lago más bonito que vimos en Escocia, pero sí el más sobrecogedor.
Por desgracia, la travesía había llegado a su fin.


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Tras apearnos del barco y despedirnos de nuestros paisanos, continuamos la ruta por carretera, donde tuvimos la ocasión de comtemplar el Urquhart Castle desde otro ángulo.



Y aquí tenemos un tramo de la A82, que es la carretera que bordea el lago. A la derecha se encuentra Loch Ness y a la izquierda se alza un empinado bosque de coníferas, practicamente impenetrable.


Algo que llamará vuestra atención si alguna vez visitais Escocia, son la cantidad de campanillas de tamaño descomunal que crecen junto a las carreteras.



Continuamos nuestra marcha hacia el sur con la idea de llegar a la cola del lago. Eran ya casi las 2 de la tarde, así que desechamos la opción de recorrer la orilla contraria, mucho más abrupta e inaccesible y preferimos poner rumbo a Fort William, no sin detenernos antes en la bonita y singular localidad de Fort Augustus.
Pero antes de llegar, la imagen de este viejo barco varado a orillas del Ness nos cautivó y nos vimos obligados a parar.
Me encanta esta foto.


Unas doscientas yardas antes de entrar en Fort Augustus, nos adentramos por un camino de tierra hasta llegar hasta este puente derruido, resultado de los intensos bombardeos que sufrió durante la Segunda Guerra Mundial.


Aparte de lo bonito que es como pueblo, uno de los principales atractivos que tiene Fort Augustus es el Caledonian Canal, una de las obras de ingeniería más complejas de Escocia.
Se terminó de construir en el año 1822 con el objetivo de comunicar el lago Ness con los lagos Oich y Lochy para que los barcos no tuvieran que dar tantos rodeos y se potenciara el comercio con las localidades de l interior.
Aquí podeis ver el canal en pleno funcionamiento.


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Y junto al canal, de nuevo Nessie, siempre omnipresente en estas latitudes.



Actualmente, el Caledonian Canal se utliza sobre todo para embarcaciones de turismo, que tampoco se libran de sufrir atascos. Como se puede ver en el video, la actividad en el canal es incesante.


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Todos los allí presentes estábamos como abobados, viendo con nuestras caras de turistas catetos como las esclusas se llenaban de agua para reflotar los barcos a los niveles más superiores.


En la foto no se aprecia con claridad, pero el lago Oich está a más altura que el lago Ness y las embarcaciones tienen que salvar ese desnivel, ascendiendo poco a poco por esta especie de escalera mecánica acuática.


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Este es el útlimo "piso" del Caledonian Canal y una vez que atraviesan este tramo, los barcos ya pueden navegar a sus anchas por el precioso Loch Oich



Otra de las curiosidades de Fort Augustus es que las casas están construidas totalmente paralelas al canal y al estar en pendiente, da la sensación de que se encuentran torcidas.


Justo al otro extremo del pueblo, se encuentra esta imponente abadía del año 1878 por cuyas riberas es una delicia pasear.


Al llegar al final del Caledonian, tuvimos la
oportunidad de despedirnos del lago Ness y comtemplar por última vez su inmensidad, ya que precisamente en este punto, es donde deja de ser Loch Ness para ceder mansamente sus aguas al canal, así que......











.......Hasta siempre Nessie. --- _^_^_^_-/º


Saliendo de Fort Augustus se encuentra Newton Bridge, el puente que se alza sobre el lugar donde da comienzo el lago Oich.
Teniendo en cuenta el tipo de vehículos que lo estaban cruzando en ese momento, nos preguntámos si sería un puente normal y corriente, o si de repente aparecería Marty McFly (que es apellido escocés) con el DeLorean de regreso al futuro.
Lo mejor de todo, la cara de velocidad del abuelete motociclista.


A eso de las 4 de la tarde, decidimos parar a comer y lo hicimos en medio de un terraplén boscoso, sentándonos sobre unas piedras que había por allí. No eran lo que se dice las butacas del Palacio de la Opera, pero a cambio disfrutamos de unas magníficas vistas de Loch Oich, que resplandecía bajo el recién aparecido sol como si sobre su superficie hubieran lanzado un millón de diamantes. Si a eso le sumas una cerveza y un bocata de chorizo, te parece estar tocando el cielo.


Este modesto, y sin embargo resultón lago, está unido a otro mucho más grande que llega hasta Fort William y que tiene por nombre Loch Lochy.
Esta foto la hizo Mari Carmen desde el coche, dando un excelente uso al techo corredizo del coche.



Llegamos a Fort William a las 5 de la tarde no sin cierto dolor de cuello de tanto mirar el lago Lochy. Una vez allí, vimos que nos encontrábamos ante lo que podríamos calificar como una pequeña ciudad. Con 10.000 habitantes, Fort William es la segunda localidad más poblada de las Highlands después de Inverness.
Para aprovechar mejor el tiempo, decidimos recorrerla en coche callejeando durante una media hora para al final terminar en las ruinas de Inverlochy Castle


Hay que aclarar que hay dos castillos con este nombre en las inmediaciones de Fort William. Este que aparece en las fotos es el "Old" Inverlochy Castle. El nuevo lo han convertido en hotel, que es mucho más elegante pero desde luego, menos romántico y misterioso.


Tras visitar el castillo, nos dirigimos hacia el parque nacional que rodea el Ben Nevis, la cumbre más alta de toda Gran Bretaña (1.344 metros), que en pleno mes de Junio todavía conservaba algo de nieve.


Hay una opción de subir hasta lo más alto del Ben Nevis.
Bueno, en realidad hay dos pero una de ellas es a pie y esa no cuenta. La otra es coger un funicular que te deja muy cerca de la cima.
El día que estuvimos nosotros, el funicular no estaba en funcionamiento, pero aún así no creo que hubiéramos subido porque la espesa niebla que lo rodeaba no nos garantizaba vistas de ningún tipo y ya habíamos tenido suficiente escarmiento en la torre de la catedral de St. Andrews.


Una vez emprendido el camino de regreso, decidimos marcarnos otra ruta diferente y en la localidad de Spean Bridge, cogimos la A86 con dirección a Inverness con el fin de atravesar las Cairngorm Mountains, una zona de montaña salpicada de evocadores lagos como Loch Laggan o Loch Insch.


Tras casi 40 millas de paisajes desiguales y cielos imposibles, hicimos una parada de descanso en Aviemore, el pueblo que escogen como cuartel general los numerosos esquiadores que lo visitan.
Durante nuestro paseo por la calle principal apenas vimos gente, pero su ancha avenida y las numerosas tiendas de montañismo, nos daban a entender que durante los meses de invierno, Aviemore debe ser un lugar bastante bullicioso.
Nos gustó sobre todo su estación de tren, decorada en plan siglo XIX y de donde salen los trenes que conducen a la misma cumbre del Cairn Gorm
Durante los fines de semana, el recorrido lo hace una vieja locomotora de vapor que hace más atractiva aún la ruta.



Nada más salir de Aviemore, la carretera se ensanchó pasándose a llamar A9. Por fin dos carriles, aunque la alegría duró poco.
Para una vez que podíamos darle un poquito de caña al coche, una espesa niebla nos envolvió y al final tuvimos que ir más despacio que ningún día. Cositas de Escocia.


Poco antes de llegar a Inverness, nos detuvimos cerca del recinto donde tuvo lugar uno de los episodios más tristes y sangrientos de la historia escocesa: la batalla de Culloden de 1746, donde los jacobitas (en su mayoría esoceses de las Highlands) se enfrentaron a los partidarios de la casa Hannover que terminaron arrebatando el trono de Gran Bretaña a Carlos Eduardo Estuardo, más conocido como Bonnie Prince Charlie, todo un icono para los escoceses.
Se derramó tanta sangre, que desde entonces, no ha vuelto a haber ni una sola batalla en suelo británico.

Nos dirigimos a pie hacia el Culloden Battlefield, pero antes estuvimos haciendo un poco el Robin Hood por aquellos fantasmagóricos bosques sepultados en la niebla.


Al llegar al campo de batalla, vimos con bastante decepción que se encontraba cerrado. Ya habíamos olvidado que a las 5 de la tarde se cierran todos los emplazamientos turísticos y por allí no se veía a nadie.
Nos acercamos hasta la entrada al recinto, observando que solo estaba protegida por una puerta metálica a la altura de la cintura y......sin candado!!!
Mari Carmen miró a su alrededor como adivinando mis pensamientos y solo tuvimos que empujar con un dedo la chirriante puerta para colarnos al interior.

Una vez allí, estuvimos caminando entre las lápidas de los diferentes clanes que perdieron la vida en aquellas tierras. La niebla no nos dejaba ver la verdadera magnitud del campo de batalla, pero el lugar era bastante emotivo y a la vez estremecedor.


Aunque para estremecedor, el enorme trueno que casi nos deja tiesos del susto además de medio sordos. El suelo tembló de tal forma que nos pareció que se venían sobre nosotros las hordas inglesas a lomos de sus caballos.
Mejor ambientación imposible, pero más nos valía alejarnos de aquel aluvión de relámpagos en campo abierto si no queríamos acabar calcinados como la ceniza de un puro.
En esos momentos empezó a llover de manera desmesurada y nuestro caminar ligero se convirtió en sprint hacia el coche. En los menos de 500 metros que nos separaban de él, nos dió tiempo a calarnos de agua hasta los huesos. Pocas veces he visto llover así y si no hubiera sido por la calefacción del coche que poco a poco nos fué secando, hubiéramos terminado enfermitos en la cama. Eso fijo.


Cuando llegamos a Inverness ya estábamos secos como dos pasas y al ver que ya no llovía, decidimos recorrer a pie esta tranquila ciudad que apenas habíamos tenido tiempo de ver y que resultó ser una verdadera preciosidad.
Inverness es la única "ciudad" que puede ostentar ese apelativo en las Highlands y está considerada como su capital con algo más de 55.000 habitantes.
Prueba de ello, son los numerosos parques y centros culturales que hay repartidos por la ciudad.


En una de las calles principales, vimos un McDonald´s abierto y decidimos entrar para matar el gusanillo, aunque más que matar, lo que hicimos fué adormecerlo ya que (al igual que en España), los famosos Big Mac solo tienen de big el nombre.
Además, algún lio me hice con el chaval que nos atendió y terminé comiéndome dos raciones diferentes de patatas con una hamburguesa minúscula. Por lo visto los menús no funcionan igual que aquí. 6 libritas el menú Big Mac, pa que lo vayais asumiendo.

Para bajar tan copiosa cena, nos dimos una vuelta por los márgenes del río Ness, que es la arteria principal de Inverness.


Pasear por Inverness al anochecer es delicioso y resulta muy agradable para la vista ver como las farolas van iluminando la ciudad, reflejando su luz en el río.


Eran casi las 11 de la noche cuando hicimos estas fotos y aunque cueste creerlo, todavía había luz solar.

Una luz muy tenue. Una luz preciosa que le daba a todo un aspecto bohemio increíble.



Esto de los atardeceres interminables, marcaría nuestra próxima jornada en la misteriosa Isla de Skye, sin duda uno de los días más inolvidables de todo el viaje.
Lo mejor es que todavía no lo sabíamos cuando nos fuimos a dormir porque de lo contrario, no hubiéramos pegado ojo de la emoción.



4 comentarios:

isabel dijo...

Hola. En el proximo puente de diciembre viajraemos a glasgow y edimburgo. Dormiremos en Glasgow y sólo iremos un día a pasarlo a edimburgo. Es posible ir al lago ness desde Glasgow? y desde edimburgo? cuanto se tarda? hay algún medio de transporte publico que nos lleve desde glasgow o desde edimburgo? cuanto tarda? gracias!!

Julito dijo...

Ufff. Pues no te sé decir con exactitud. Si lees nuestro diario, verás que sólo pasamos por Glasgow por accidente. Y desde Edimburgo, hicimos una ruta para hacer noche en Balmoral. No fuimos directamente de Edimburgo a Loch Ness.
Pero vamos, me imagino que saldrán autobuses a Inverness desde cualquiera de las dos ciudades. Cuestión de preguntar en cualquier oficina de turismo, que las hay a montones por allí.

frank dijo...

una pregunta, como se llama la cancion q antes acompañaba esta pagina, lo q pasa es q ahora ya no la puedo escuchar, no se reproduce en la pagina, empezaba como con unas gaitas.

Julito dijo...

Hola Frank.

La canción se llama "We Were Friends" y es de una banda irlandesa llamada DARE.
Casi todos los temas que sonaban en la página pertenecen a dos de sus mejores discos: "Belief" y "Beneath The Shining Water".
Cualquier canción que encuentres de ellos te encantará.

Espero haberte ayudado.
Un saludo.